Bienvenido a mi devocional diario en el que veremos cómo se refleja la esperanza y melancolía que el pueblo de Dios experimentó al ver el comienzo de una nueva etapa en su relación con Dios y la restauración de su lugar de adoración.
Un nuevo camino me espera por delante, y lo mejor de todo es que no voy sola, sino que Dios, el creador de todo lo que existe me acompaña y conoce todo lo que está por delante. Confío en él plenamente y permito que su presencia me guíe hacia la luz de su amor.
Palabra de Dios
10Cuando los constructores echaron los cimientos del templo del Señor, llegaron los sacerdotes con sus vestimentas sagradas y sus trompetas, junto con los levitas descendientes de Asaf con sus címbalos, para alabar al Señor, según lo establecido por David, rey de Israel. 11Todos daban gracias al Señor y a una le cantaban esta alabanza:
«Él es bueno; su gran amor por Israel perdura para siempre».
Y todo el pueblo alabó con grandes aclamaciones al Señor, porque se habían echado los cimientos del templo. 12Muchos de los sacerdotes, levitas y jefes de familia, que eran ya ancianos y habían conocido el primer templo, prorrumpieron en llanto cuando vieron los cimientos del nuevo templo, mientras muchos otros gritaban de alegría. 13Y no se podía distinguir entre los gritos de alegría y las voces de llanto, pues la gente gritaba a voz en cuello y el ruido se escuchaba desde muy lejos.
Esdras 3: 10-13
Este pasaje describe el momento en que el pueblo de Israel comienza a reconstruir el templo de Jerusalén tras su regreso del exilio en Babilonia. Cuando colocaron los cimientos, los sacerdotes y levitas se reunieron con trompetas y címbalos para alabar al Señor siguiendo las indicaciones establecidas por el rey David. Cantaron y alabaron a Dios, proclamando su bondad y su amor eterno hacia Israel.
Mientras muchos celebraban y daban gracias a Dios en voz alta, algunos de los ancianos que recordaban el primer templo lloraban al ver los nuevos cimientos. El contraste entre la alegría y la nostalgia era tan fuerte que los gritos de alegría y las lágrimas se entremezclaban, y el sonido era tan intenso que se escucha desde lejos.
Reflexión
En el pasaje, los israelitas experimentaron un sentimiento de nostalgia por las alegrías y penas vividas mientras observaban los cimientos del nuevo templo en construcción. Este momento del antiguo testamento es, sin duda, agridulce: una mezcla de júbilo por la edificación y de tristeza por lo que ya no está.
Para los jóvenes, era motivo de celebración y esperanza, una señal de que Dios los estaba guiando hacia adelante. Sin embargo, para los ancianos que recordaban el esplendor del templo de Salomón, esta nueva obra traía una profunda nostalgia e incluso sufrimiento, un dolor del pasado que se había desvanecido.
Solemos sentir algo parecido. Lamentamos las cosas hermosas que no volverán, y al mismo tiempo, surge en nosotros una determinación renovada ante lo que está por venir. Al igual que los israelitas, nuestra vida también está tejida de nostalgia y esperanza, de finales que nos duelen, pero también de nuevos comienzos que Dios nos invita a abrazar.
Pero sea cual sea nuestra emoción en este momento, Dios nos llama a entregarle cada sentimiento, cada suspiro, cada anhelo. En él nuestra esperanza se renueva, y entendemos que estos momentos de transición son piezas necesarias en la historia que el Señor está escribiendo para cada uno de nosotros.
La voluntad de Dios es buena, agradable, perfecta y eterna, y su llamado sigue siendo el mismo que hizo a su pueblo hace miles de años: celebrar lo nuevo que él está construyendo, aun cuando nuestros ojos se nublen por la nostalgia.
Es probable que el inicio de una nueva etapa sea distinto de lo que imaginaste, y que algunos sueños hayan quedado sin cumplirse. Pero, aun así, el inmenso amor de Dios sigue presente, recordándonos su promesa: así como estuvo con su pueblo en Jerusalén, así estará contigo hasta completar su obra en tu vida.
Hoy, lleva todos tus pensamientos y emociones ante los pies de Dios, y suelta el peso del pasado. Un nuevo camino te espera por delante, y lo mejor de todo es que no vas solo, sino que Dios, el creador de todo lo que existe, te acompaña y conoce todo lo que está por delante. Confía en él plenamente y permite que su presencia te guíe hacia la luz de su amor.
