¿Anhelas ver el poder de Dios manifestado en tu vida y a tu alrededor? La Palabra de Dios nos enseña que está destinada a ser acompañada por señales y prodigios. No son eventos aislados o para unos pocos elegidos; son la confirmación divina de que estamos alineados con su propósito.
Como dice Marcos 16:20: «Y ellos salieron y predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían.» Es una verdad poderosa: Dios se manifiesta con señales espirituales cuando su palabra es proclamada.
La predicación: Un catalizador para el Espíritu Santo
Aquí hay una verdad incómoda pero vital: si no estás predicando, no estás completamente lleno del Espíritu Santo. No se trata solo de pararse en un púlpito; la predicación es vivir y compartir el evangelio en cada aspecto de tu vida. Hay una parte que te corresponde a ti, y otra al Espíritu Santo. Tú te capacitas internamente para predicar externamente.
Dios es soberano, sí, pero también es un Dios que nos involucra. Hay cosas que Dios necesita que tú hagas. Piensa en Noé (Hebreos 11:7), quien construyó el arca a pesar de que nunca había llovido. O el embarazo de María y Elizabeth (Lucas 1:34-36), donde la fe y la acción humana fueron cruciales.
Dios está esperando que hagas algo. Sentarte en tus laureles no te llevará a experimentar los milagros que anhelas. La fe es acción, no es muerta ni fingida. Necesitas fe para creer y fe para actuar. Cuando haces tu parte, Dios te recompensa con señales y prodigios.
La negligencia te susurra: «He estado creyendo durante mucho tiempo y nada pasa». Pero la verdad es que falta actuar. No basta con creer, hay que actuar. Como nos recuerda Lucas 8:49, el milagro ocurre en el camino, mientras estamos en movimiento.
Tu fe: el mayor capital
Mientras haya intentos en tu vida, habrá señales y prodigios. Tu fe es tu mayor capital. Si sientes que te falta dinero, pero te sobra fe, entonces tienes el capital para trabajar. Pero la fe por sí sola no es suficiente; necesitas sabiduría para mantenerla, para actuar y para administrar los milagros. El éxito no es solo alcanzar algo, sino también tener la sabiduría para no perderlo.
La importancia de ser un aprendiz
Las señales y prodigios fluyen a través de los aprendices. Aquellos con un corazón humilde y enseñable que tienen ganas de aprender, encuentran a su maestro. Eliseo siguió a Elías para aprender y recibió una doble porción de su unción, resultando en poderosas señales y prodigios. La fe y la sabiduría necesitan formación.
Mateo 9:35-38 nos muestra a Jesús predicando y sanando con compasión, y luego llamando a la formación de obreros. Un pastor que no está formando obreros, ¿para qué quiere unción? Jesús tuvo la unción para predicar y hacer obreros.
Dios necesita la intervención de la iglesia para formar obreros. Es el pastor quien forma obreros, y en la iglesia necesitamos fervientemente siervos dedicados. El máximo privilegio que tiene un ser humano es ser parte de la iglesia, el cuerpo de Cristo.
Tristemente, muchos están «cristianizados» pero no están transformados. No están siendo obreros. Los verdaderos obreros son aquellos que se sacrifican, que pagan el precio, que ponen el servicio a Dios por encima de sus propias comodidades. Algunos quieren señales y prodigios, pero sin la incomodidad del compromiso y la acción.
¿Estás listo para ir más allá de la creencia y activar tu fe para ver las señales y prodigios de Dios manifestarse en tu vida?
